El Gato.

Carlos entró a su departamento deseando que el día terminara. Había tenido 6 entrevistas de trabajo y todas habían concluido con un “No nos llames. Nosotros te llamaremos”. Venía viviendo este trámite hace dos semanas y nadie le había llamado. Entendía el mensaje.

Arrastrando los pies caminó hasta el mueble más cercano y cayó sobre el. Cómo pudo se quitó la corbata, respiró, cerró los ojos y suspiró lentamente.

-¿Alguna novedad? - le preguntó una voz.
-Nada- respondió Carlos sin abrir los ojos - lo mismo de siempre. - Oh, bueno... - dijo la voz - seguro mañana tendrás más suerte

Carlos sonrió. Abrió la boca para agradecerle al dueño de la voz por las esperanzas cuando cayó en cuenta: el vivía solo... ¿De quién era la voz? Con mucha precaución abrió los ojos y vio a su alrededor.

Casi nada había cambiado. Todo seguía exactamente igual... con una pequeña diferencia. Frente suyo, encima de la mesita de centro que su madre le había regalado, un gato plomo le miraba directamente.

Carlos, sorprendido le devolvió la mirada. El gato ni se inmutó. Sin entender bien qué pasaba, Carlos miró alrededor esperando que alguien apareciera y reclamara el gato como suyo.

- Deberías ir a dormir - dijo el gato moviendo la cola - te ves muy cansado.

 Un silencio absoluto inundó la sala mientras Carlos miraba aterrorizado al gato lamiendose las patitas.

¿Conoces esos momentos en los que tu mente de pronto deja de pensar fluidamente y tienes que luchar para formar una idea con sentido? Pues la mente de Carlos acababa de ser atropellada por una cisterna y estaba luchando por respirar.

En la casa donde vivía solo.... Había un gato plomo... un gato plomo que podía hablar... ¡¿PORQUÉ EN SU CASA DONDE VIVÍA SOLO HABÍA UN GATO PLOMO QUE PODÍA HABLAR?!

Carlos abrió la boca sin poder articular más que sonidos guturales.

- Si, ya sé - le dijo el gato estirándose - soy un gato que habla ¿Podemos saltarnos esta parte? Tengo hambre.

Carlos como pudo corrió al baño y se metió en la ducha abriendo la llave. “Necesito despertar” - pensó mojándose completamente “Estoy tan cansado que estoy viendo cosas”

- ¡Hey! - escuchó que dijo el gato desde la sala - ¡Aún tengo hambre! Digo... por si me quieres alimentar.

Haciendo un charco a su paso, Carlos salió y caminó lentamente a la sala.

- Okeeey - dijo el gato - no soy quién para juzgar la forma que te bañas. Resulta que sé que tienes leche guardada y me encanta la leche. ¿Me invitas?

Sin apartar la vista del gato, Carlos caminó a la cocina, sirvió un poco de leche en un plato y la dejó en la mesa. El gato elegantemente saltó del suelo y empezó a comer.

- Eres un gato - dijo Carlos. El gato asintió - Que puede hablar - el gato volvió a asentir.
- Más, por favor - dijo el gato.

Carlos tomó el deposito de leche y sirvió más en el plato.

- Eres un gato que puede hablar - dijo Carlos.
- Hay un limite de veces que puedo escuchar eso - dijo el gato limpiándose la boca con su patita - y estas cerca a alcanzarlo.
- ¿Porqué puedes hablar? - preguntó Carlos.

El timbre de un teléfono evitó que el gato respondiera.

Carlos sacó su teléfono del bolsillo. Era un numero desconocido. No estuvo muy seguro de lo que le dijeron en la llamada. Su atención se encontraba en el gato que, luego de terminar la leche, se estiró y caminó hacia la esquina buscando donde orinar.

- ¿Podrías? - dijo el gato - necesito... tu sabes.

Carlos volteó la mirada y prestó atención a la llamada. Fue el momento oportuno. La señorita amablemente le estaba diciendo qué había sido seleccionado en una de las entrevistas que había realizado esa mañana y le esperaban al día siguiente.

Carlos volteó y buscó al gato. Nada. ¿Se lo había imaginado? - Por aquí - escuchó al gato gritar - estoy afuera. Rapidamente caminó al balcón y vio al gato parado elegantemente en la baranda. No. No se lo había imaginado.

- ¿Quién era? - preguntó el gato.
- De una de las entrevistas - dijo Carlos - tengo trabajo. - ¡Felicidades! - dijo el gato.

Ambos se quedaron en silencio. Carlos no podía apartar la mirada del gato. Lentamente intentó poner su mano encima y tocar el pelaje del felino. Antes de lograr hacerlo, el gato rompió el momento.

- Bueno - dijo estirándose - yo me voy. Mañana volveré y necesito que pienses en un buen nombre para mí... y me compres comida ... y más leche... y mi arenero... y unos juguetes sino quieres que dañe tus muebles. ¿Entendido? - Carlos asintió - ¿Tendrás todo para mañana? - Carlos volvió a asentir - genial. Nos vemos.

Carlos no apartó la mirada mientras el gato ágilmente saltaba a la pared continua y caminaba hasta voltear en una columna y perderse de vista.

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