A propósito de... Las Mascarillas.
“La mascarilla todavía no se va a retirar”, dice el nuevo ministro de Salud
Gestión, 10/04/2022
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Más de dos años han transcurrido desde que usé mi primera mascarilla. No. No fue cuando inició el toque de queda.
Como persona con un alto índice de ansiedad, desde que comenzaron los casos de COVID - 19 en Latinoamérica, empecé a aprovisionarme de elementos que podrían ser necesarios en el caso de replicar los mismos eventos de países vecinos. Tal vez fui paranoico en primera instancia pero, dada la situación en la que vivimos el primer año de la pandemia, no me arrepiento de haberle hecho caso a mi ansiedad.
Dicho eso, recuerdo las extrañas miradas de la gente al verme con mascarilla y guantes por la calle, en el super mercado o en el gimnasio. Quién diría que, pasados los meses, esa se volvería nuestra realidad: todos con el uniforme que nos cubría todo tipo de acceso ante el exterior y que convirtió a la ansiedad por salir en un evento común en cada familia.
Para los que vivimos la pandemia solos pues… digamos que me acostumbré a esa ansiedad producida por el exterior. Hasta que mis vecinos se enfermaron y dicha ansiedad entró al lugar donde vivía.
La mascarilla se convirtió en parte fundamental de mis días y el constante pensamiento de que podría pasarme si me enfermaba era más fuerte que el estar cansado de los elásticos alrededor de mis oídos.
Pero el tiempo pasó, las vacunas llegaron y la gente perdió esa ansiedad ante el COVID. Pasamos de la doble mascarilla, el protector facial, los guantes y el protector a la mascarilla individual y el carnet de vacunación. Este último se sintió como un pase a la libertad. La gente empezó a soltarse más y se sintió inmune ante el COVID - 19 (error porque los muertos por dicha enfermedad continuan pero eso es otra noticia)
Por mi lado pues… no. La ansiedad ante enfermarme no me abandonó. Se hizo más controlable y la vacuna ayudó notablemente; pero ahí se mantiene latente ante la primera señal de vulnerabilidad. No ayudó que, a pesar de mis cuidados, me diera COVID a inicios del año y pude sentir - de forma leve - lo que era ese proceso y me pude imaginar lo que hubiera significado si me daba antes de tanta inyección y refuerzo.
Detesto usar mascarilla. Me duelen los oídos cada vez que la uso, se me empañan los lentes y siento que me falta el aire. No importa que me digan que igual sigo respirando la misma cantidad de oxigeno; la odio y no puedo esperar al día que ya no sea obligatorio su uso. Pero…
Me encanta usar mascarilla. Me protege de una de las enfermedades más letales que he vivido y es algo tan simple que cualquiera puede hacerlo sin modificaciones. La protección que te da ante el COVID me ha servido durante los últimos dos años y quiero que siga de esa forma.
Y ante esto aparece esta noticia. Hace unos días leí en redes sociales dicho rumor: comenzaban las conversaciones para darnos carta blanca y liberarnos de la mascarilla. Seriamos libres de salir a la calle y volver a sonreír a la gente, conversar sin pedir que nos repitan lo que dicen y recuperar un poco de ese contacto humano que nos daba verle el rostro completo a una persona.
La idea me encanta. Y me aterra. No me siento listo. No creo que en algún momento me sienta del todo listo ¿Cómo dejo de usar aquello que evitó que me convierta en una estadística? La mascarilla nos quitó parte de nuestra humanidad, si. Pero sin ella… el número de fallecidos podría haber sido mucho más amplio.
Lo curioso es que puedo quitármela. No me cuesta estar en un espacio abierto o cerrado sin mascarilla, comer con amigos, ir al cine o más cosas. Puedo sacármela y unirme a la voz general de la mayoría que pide que ya no sea obligatoria.
Pero, ahí en una esquina de mi mente, esta expectante el miedo al contagio. Se encuentra pendiente ante cualquier estornudo o tos, cualquier persona con un aspecto decaído o una situación de riesgo; y, ante cualquiera de estos, se activa como una alarma y me hace correr ante mi mascarilla.
Aún no estoy realmente listo para abandonar la mascarilla. Realmente espero algún día poder estarlo. Y realmente quiero que el Estado tampoco este listo. Al menos por ahora.
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