Lo mejor de dos mundos.

Existe cierta magia en la frase que viene en el título… no es solo una canción de Hannah Montana. Usada de forma curiosa puede significar algo mucho más grande, más fuerte. 

Y es que puede ser llevado desde diversos puntos de vista sin equivocarse ni presentar ninguna situación contradictoria: estas escogiendo lo mejor de dos situaciones, supuestos o realidades. ¿Qué puede salir mal? 

Todo. 


O nada. 


Aún no me decido si te he de ser honesto. Acabo de crear este nuevo trasfondo para dicha frase y ando explorando sus implicancias. si me conoces lo suficiente, sabes por donde lo he de llevar. Si no me conoces, pues… 


Cerebro y Corazón. La interminable lucha. Aquella pelea de nunca acabar donde nadie debería perder pero todos pierden algo de si en el proceso. 


Hace muchos años atrás cree estos dos pequeños personajes: Cerebro, tan analítico como cerrado, de mente fría y pensamiento centrado; un adulto con ganas de vivir su vida como tal. 


Corazón, soñador, risueño y atolondrado. Capaz de tocar las estrellas con un solo deseo y de no ver la caída de regreso hasta que es muy tarde. 


Ambos vivían en una versión caricaturizada de su realidad y, acompañados de una Conciencia metiche y altanera, regulaban las vivencias que su humano enfrentaba día a día. 


Obviando el parecido a Intensamente, fueron una gran catarsis para ver la vida de una forma que, tal vez no era entendida por todos, pero apreciada por mi... en especial cuando empecé a entender que era la vida.


Estos amigos - Cerebro, Corazón y Conciencia - conversan diariamente buscando tomar la mejor decisión para su humano. A veces funcionaba, a veces no. Las consecuencias, más que reales, eran funcionales. Los tres velaban por su humano y, desde su esquina, querían lo mejor para el. 


¿Porqué te cuento eso? La verdad… no lo se. Quiero creer que, con esta explicación, se entiende mejor lo siguiente. 


Existe una historia - de todas las que nunca han visto la luz - que hablaba sobre el acuerdo entre Cerebro y Corazón. Ambos compañeros, cansados de pelear por el mismo motivo una y otra vez, ceden las riendas de su mundo al otro. 


Cerebro se mudaba al departamento donde vivía Corazón y este se apoderaba de la mansión donde vivía el primero. El objetivo era, por una semana, saber lo que cada uno tenía que enfrentar. Ninguno creía que el otro aguantaría un día en sus zapatos y ambos creían llevarse la peor parte de su humano. 


Error. En las infinitas incursiones que ambos hicieron en el espacio del otro nunca habían visto las heridas que cada uno debía manejar. La soledad, el dolor, el miedo y el rechazo estaban esparcidas en ambas casas y ninguno había sido capaz de percibirlas antes de esa semana. 


Ninguno sabía realmente como afrontar los demonios que el otro debía enfrentar. Cerebro tuvo miedo y Corazón dejó de reír. Si bien dichas bestias tenían el mismo origen, la forma de cada una era distinta y esos los dejó helados. ¿Cómo iba Cerebro a luchar contra el dolor del corazón? ¿Cómo iba Corazón enfrentar el miedo en el cerebro? 


Conciencia tuvo una idea. Desde su casa de playa ideó un plan para ayudarlos a ambos. Les dio una puerta a cada uno de los dos. Era negra, sucia y, en su interior, ella decía que escondía el peor demonio que el otro alguna vez podría enfrentar. 


Al abrirla, Cerebro y Corazón esperaron encontrar la bestia más grande y agresiva de todas. No lo hicieron.


Llegaron a un cuarto vacío, un espacio infinito donde la luz era escasa y no se veía nada a la cercanía. Sorprendidos por abrir la puerta del otro, se ignoraron y empezaron a buscar aquella bestia que su humano había escondido con tanto esmero.


Lo que encontraron no era una bestia. Era una caja de cristal, con un niño adentro. El niño estaba  desmayado y lleno de heridas. Mientras mas se acercaron reconocieron a su humano en aquel niño. No entendían que pasaba. ¿Quién era ese niño? ¿Por qué estaba encerrado en esa caja de cristal? ¿Quién le había encerrado? Las preguntas se amontonaban mientras ambos amigos golpeaban e intentaban romper el cristal sin éxito. 


Fue corazón quien se dio cuenta que, con cada golpe, las heridas en el niño se hacían más grandes. Con mucho pesar agarró a Cerebro y salieron de ese cuarto infinito dejando al niño a su suerte. (Aquel niño tuvo un final feliz en otra historia, para esto leer “La Caja de Cristal”) 


Creo que con esto puedo confirmar que, desde bien joven, tuve una gran tendencia al drama. Cerebro y Corazón le lanzaron miles de preguntas a Conciencia y esta solo tuvo una respuesta: aquella caja había aparecido desde “El gran Incidente” (para esto, en algún momento escribiré esa historia) y la había ocultado de tantas peleas y discusiones entre los dos. 


Conciencia no sabía lo que ocultaba la puerta, pero entendía que nadie debía entrar en ella. Ahora los tres, aunque no lo entendían, conocían aquello que su humano quería ocultar.


La conclusión de esta historia fue bien simple la verdad. Ambos entendieron el poder del otro en su humano y Cerebro cedió las riendas y el control a Corazón. Corazón aceptó el control si Cerebro se unía a el. Y conciencia tomó la puerta y la escondió en un lugar donde nadie pudiera encontrarla. 


Creo que contando esta historia perdí un poco el trasfondo de lo que quería decir en un primer lugar. Vale decir que, en su momento, esta historia era menos “intensa” de lo que la puedo escribir ahora. 


Pero… volviendo a la catarsis… desde aquel momento ambos personajes escogieron lo mejor del otro. Ambos escogieron tomar lo mejor que el otro podía hacer en pro de su humano. El humano, sin saberlo, tenía lo mejor de dos mundos. 


Aquella relación ha sido puesta a prueba mil veces. Su humano tiene una tendencia extraña a ponerlos a prueba y, con Conciencia en el camino, los tres han podido sacarle sano y salvo de casi todas las situaciones. 


Y siempre existirá una nueva situación que hará que Cerebro y Corazón pongan su relación a prueba. Siempre habrá aquello en el mundo exterior que inclinará la balanza a algún lado. 


¿Era sano escoger lo mejor de ambos mundos? ¿Hasta cuando iba a funcionar aquella alianza? 


Porque la causa puede ser tan similar y la consecuencia tan distinta: siempre un lado va a tener el control. 


Durante (insertar los años que me conoces) años he podido mantener la lucha entre estos dos amigos en paz. Con 12,13,14… 18,19,20… 25,26,27 años encima se hace cada vez más complicado hacerlo. 


El mundo me pide, me exige, darle el control a uno de los dos y claro que tiene su favorito. 


Pero...¿Y si le doy el control al otro, que pasa? 


Solo quiero que, por los 28,29,30 y demás números que me faltan cumplir todos podamos llevar la fiesta en paz. 


Sentir con el cerebro y pensar con el corazón. 


¿No creo que sea tan difícil, verdad? 






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