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Nombres al azar - 1

  Sarah.  Y entre tanto ruido, Sarah descubrió una verdad.  Oculta a ella entre todo el caos de los últimos meses, aquella verdad había aparecido tímida en su mente y, al verse descubierta, tomó poder e inundó cada espacio libre en ella y la llenó de paz; profunda y liberadora paz.   No importaban los siguientes días ni lo que dijera aquel diagnóstico en su bolsillo, ella disfrutaría aquel sentimiento y se aferraría a el hasta el ultimo instante.  Mientras veía a su hija sonreír, Sarah se sacó los zapatos y corrió junto a ella.  Era feliz... cuanta paz le dio aquella verdad.  -------------- Diego.  Vista al frente, mirada al vacío. Ojos abiertos y respiración pausada...  Diego suspiró una última vez y...  Y ese hilo de pensamiento se perdió al darse cuenta.  "Útima vez"... todo lo que había hecho hasta ese momento, casi sin pensarlo, había sido la última vez.  La última sonrisa, la última carcajada. La última lágrima derrama...

Lo mejor de dos mundos.

Existe cierta magia en la frase que viene en el título… no es solo una canción de Hannah Montana. Usada de forma curiosa puede significar algo mucho más grande, más fuerte.   Y es que puede ser llevado desde diversos puntos de vista sin equivocarse ni presentar ninguna situación contradictoria: estas escogiendo lo mejor de dos situaciones, supuestos o realidades. ¿Qué puede salir mal?  Todo.  O nada.  Aún no me decido si te he de ser honesto. Acabo de crear este nuevo trasfondo para dicha frase y ando explorando sus implicancias. si me conoces lo suficiente, sabes por donde lo he de llevar. Si no me conoces, pues…  Cerebro y Corazón. La interminable lucha. Aquella pelea de nunca acabar donde nadie debería perder pero todos pierden algo de si en el proceso.  Hace muchos años atrás cree estos dos pequeños personajes: Cerebro, tan analítico como cerrado, de mente fría y pensamiento centrado; un adulto con ganas de vivir su vida como tal.  Corazón...

Antes de levantarse.

Durante diversos momentos de la vida, Antonia corría al patio trasero de su casa y, ante el manto azul de una noche sin estrellas, se tiraba al pasto, miraba al cielo y suspiraba. Sus días ya eran demasiado largos como para querer pensar en mucho más y, conforme avanzaban las horas, sentía que sus suspiros dejarían de importar en cuanto se levantara del pasto. Habría dado todo por no tener que levantarse del pasto. Sabía que era prácticamente imposible, claro. La vida le haría el llamado y ella tendría que correr a casa y cumplir con sus deberes. No era la más feliz haciéndolo pero ¿Quién más lo haría? Estaba segura que su madre no, ni sus hermanas... su padre... en el no quería pensar. Con el tiempo había aprendido a aceptar el lugar en el que se encontraba. Era la hija mayor, la responsable, la encargada de la casa luego del golpe de su madre y, ahora, tendría más peso encima... tenía que ser feliz con esa vida. Lo necesitaba. Lanzó un último suspiro y se sentó...

A propósito de... Las Mascarillas.

  “La mascarilla todavía no se va a retirar”, dice el nuevo ministro de Salud   Gestión, 10/04/2022 --- Más de dos años han transcurrido desde que usé mi primera mascarilla. No. No fue cuando inició el toque de queda.   Como persona con un alto índice de ansiedad, desde que comenzaron los casos de COVID - 19 en Latinoamérica, empecé a aprovisionarme de elementos que podrían ser necesarios en el caso de replicar los mismos eventos de países vecinos. Tal vez fui paranoico en primera instancia pero, dada la situación en la que vivimos el primer año de la pandemia, no me arrepiento de haberle hecho caso a mi ansiedad.  Dicho eso, recuerdo las extrañas miradas de la gente al verme con mascarilla y guantes por la calle, en el super mercado o en el gimnasio. Quién diría que, pasados los meses, esa se volvería nuestra realidad: todos con el uniforme que nos cubría todo tipo de acceso ante el exterior y que convirtió a la ansiedad por salir en un evento común en cada familia...

Antes de explotar...

Recuerdo exactamente la primera vez que quise explotar. Tenía los ojos extremadamente rojos de todo lo que había llorado y mi rostro se encontraba demacrado y un poco hinchado. Acababa de tener una - otra - discusión con mis padres donde yo había sido el error y ellos la solución.   Había tantas cosas que hubiera querido decirles en ese momento… probablemente dije un par y eso ocasionó que una simple discusión evolucionara en mil gritos, mentadas de madre y “eres un idiota” “te estas echando a perder” “no tienes talento” y mil cosas más que adornaban - aún adornan - los curiosos pasillos de mi mente en esos días.   Luego de tan interesante altercado de palabras coloridas y de intenciones mal intencionadas, corrí a mi cuarto. Ese lugar era mi refugio en muchos sentidos. A un lado tenía un equipo de música que hacía retumbar las paredes cuando me lo proponía y al otro un estante de libros tan grande que - valga la honestidad - nunca terminé de leer.   Entré a aquel espac...

El Gran Secreto de los Padres.

Dentro de todas las cosas que fui aprendiendo en la vida, tomé infinitas lecciones de mis padres. Buenas, malas, decentes o innombrables… cada una de ellas se convirtió en un recuerdo que miro de vez en cuando para entender el pasado y planear el futuro.   Esto es lo que yo llego a llamar cicatrices. Están ahí y creemos que han curado pero - a veces - el simple tacto con estas podría provocar un sentimiento de dolor y angustia que demora en desaparecer. Al final, no se va; lo olvidas y te concentras en tu presente.  Bajo esta idea, mientras sobre analizaba las diversas cosas de mi propia actualidad creo que descubrí el gran secreto de los padres. Tal vez ya lo habéis descubierto antes o tal vez esto te de una nueva perspectiva. No lo sé. A mí aún me sigue calzando entre todas las ideas.  Para quien me conoce - y para los que no - nunca he llegado a sentirme 100% listo a ser padre. La realidad que enfrenté en su momento y las vivencias que llegué a pasar me predispusieron...

Un Extraño en el espejo.

Te miras al espejo, sonríes y, casi sin pensarlo, no reconoces a la persona que te esta mirando. Ves que reaccionan igual , que hacen las mismas muecas y que te mira con la misma incredulidad pero, por más que lo intentas, sigues viendo a un extraño en tu reflejo.  ¿Te ha pasado? Si la respuesta es si… ¿Porqué?  No planeo responderte esa pregunta. Cada persona puede ser un mundo y tus razones has de tener para pensar que tu reflejo es un extraño. Creo que los motivos pueden ser variados y depende mucho de la vida que estes llevando.  Grandes cambios, enseñanzas, golpes y lecciones pueden provocar que no reconozcas a ese reflejo y que, cuando te topas con el, le mires con incredulidad. Me pasa cada poco tiempo y - tengo la impresión - me va a pasar toda la vida.  Es como ver las cosas a través de una mampara. De pronto ves aquella cicatriz en tu vida y no te acuerdas de haberla vivido, ves aquel golpe y la secuela que dejó sin que seas consciente, ves aquellas marcas ...